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Introducción
Los estudiantes que no han obtenido resultados satisfactorios en múltiples ocasiones en el área de
matemáticas, por lo general, reflejan una apreciación desfavorable sobre sí mismos, magnifican sus dificultades,
manifiestan que carecen de habilidades y se culpan por no tenerlas. Esta percepción negativa puede reducir sus
expectativas de éxito académico e incluso conducirlos a abandonar sus estudios (Champan, 1988, citado en Gil
et al., 2006). En este sentido, autores como Hernández (2010), citado en Gamboa (2014), destacan la importancia
de los aspectos relacionados con la motivación y las emociones en el proceso de aprendizaje. Estos factores
influyen en qué y cómo aprenden los estudiantes. En particular, enfatizan la relevancia de la motivación intrínseca,
pues esta impulsa a los alumnos a aprender de manera genuina. Por ello, resulta fundamental considerar el
aspecto afectivo en la enseñanza de las matemáticas, ya que esto puede mejorar las creencias y actitudes de los
estudiantes hacia esta disciplina.
Conocer en mayor profundidad el autoconcepto académico en varones y mujeres del nivel secundario
resulta relevante porque permite obtener información diferenciada por género. A partir de estos datos, se pueden
diseñar estrategias pedagógicas más efectivas para mejorar el aprendizaje en matemáticas. El autoconcepto que
una persona tiene respecto a su desempeño en matemáticas está relacionado con sus creencias sobre sí misma
en ese ámbito, y es producto de la interacción entre sus actitudes, su perspectiva del mundo matemático y su
identidad social (Gómez, 2011). Además, cabe destacar que este autoconcepto no es estático, sino que se va
modificando con el tiempo, en función del desarrollo cognitivo y la interacción con el entorno (Harter, 1999, citado
en Calero & Molina, 2016).
Arancibia et al. (2007) describen el autoconcepto académico como un constructo que se relaciona con el
rendimiento escolar y que orienta la conducta de los estudiantes. Este constructo se divide en cuatro dimensiones,
las cuales se establecieron tras observar la conducta de los alumnos: relación con otros, asertividad, compromiso
y afrontamiento de situaciones escolares. Diversos estudios, como el de George et al. (2024), han explorado la
relación entre las emociones y el proceso de enseñanza y aprendizaje, mostrando que vínculos emocionales
positivos, como la confianza mutua y el respeto, impactan en la disposición del estudiante para aprender y en su
rendimiento escolar. La calidad de la relación entre docentes y estudiantes, por tanto, es crucial para potenciar
su potencial académico.
Por su parte, González y Molero (2023) revisaron la literatura en torno a la categoría “Relación con otros”,
sugiriendo que el desarrollo de habilidades sociales favorece un desempeño positivo en diferentes contextos,
fortaleciendo la autoestima del sujeto. En relación con el dominio afectivo, Siza (2020) encontró que la mitad de
los estudiantes evalúan su autoconcepto como bajo o medio bajo, lo que genera inseguridad y afecta su
aprendizaje en matemáticas. Algunos estudiantes atribuyen su bajo rendimiento a la falta de esfuerzo y al
desinterés, opinando que, si se motivaran más, podrían obtener mejores resultados.
En cuanto al compromiso, Núñez y González (2020) concluyen que las estrategias pedagógicas, como
los talleres, son efectivas para despertar interés y motivación, logrando reducir el aburrimiento y aumentar la
participación. Esto, a largo plazo, favorece el esfuerzo y el rendimiento en matemáticas. En el contexto actual, la
evaluación PISA 2022, que abarca a numerosos países de América Latina y el Caribe, reveló que la mayoría de
los estudiantes obtiene un desempeño deficiente en matemáticas. La autoeficacia y la ansiedad son factores
clave para entender estos resultados. En particular, se observó que los estudiantes varones tienden a tener mayor
autoeficacia y menor ansiedad frente a las matemáticas, respecto a las estudiantes del género femenino (UMC –
Ministerio de Educación del Perú, 2022).
Asimismo, la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA, 2023) en Perú evidenció que el 53%
de los estudiantes experimenta nerviosismo al ser evaluados y el 38% preocupa ante la resolución de ejercicios.
Las mujeres, en particular, reportan mayores niveles de ansiedad y temor en comparación con los varones.
Además, los resultados muestran que un porcentaje significativo de estudiantes se encuentra en niveles iniciales
de logro, y, en particular, en Lima Metropolitana, el porcentaje de varones en etapa previa al inicio es mayor que
el de las mujeres (ENLA, 2023).
Por todo ello, el presente artículo tiene como finalidad investigar las diferencias en el autoconcepto
académico entre varones y mujeres del nivel secundario que presentan dificultades de aprendizaje en
matemáticas, en un contexto latinoamericano, con la intención de contribuir a estrategias pedagógicas más
ajustadas y efectivas.
Metodología
La presente investigación adoptó un enfoque cualitativo, que permite analizar tanto el contexto como a la
persona desde una perspectiva integral (Taylor & Bogdan, citados en Sandoval, 1996). El diseño utilizado fue el