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nacional, podrían beneficiarse del diseño de trayectos formativos enfocados en el desarrollo emocional,
garantizando oportunidades laborales, espacios de diálogo y fortalecimiento del componente emocional dentro
del sistema educativo formal y no formal. Esto cobra especial relevancia en el contexto universitario, pero también
en niveles educativos como el bachillerato e incluso la educación básica.
Conclusiones
A partir de los datos analizados en la Tabla 1, se concluye que, la mayoría de los estudiantes (65.9 %)
tienen menos de 21 años, lo que indica que la población estudiantil es predominantemente joven. Solo un pequeño
porcentaje (2.8 %) supera los 25 años. En cuanto al género, existe una distribución relativamente equitativa entre
géneros, con una ligera mayoría masculina (54.0 %); y respecto a la escuela profesional, la mayor parte de los
estudiantes provienen de la carrera de Enfermería (28.2 %), seguida de Ingeniería Industrial (24.5 %) e Ingeniería
Civil (18.1 %). Las especialidades de Ingeniería de Industria Alimentaria (14.9 %) e Ingeniería de Industria
Industrial (14.3 %) presentan una participación similar.
En cuanto al desarrollo emocional, los resultados reflejan que una mayoría de estudiantes (53.1 %)
presenta habilidades emocionales que requieren mejora, mientras que un 36.7 % demuestra un nivel adecuado y
solo un 10.2 % ha desarrollado estas habilidades de manera óptima. Estos hallazgos subrayan la importancia de
fomentar el desarrollo emocional dentro del contexto académico. Respecto a la dimensión de percibir y
comprender las emociones, más de la mitad de los estudiantes (54.4 %) presentan habilidades por mejorar, el
36.1 % posee un nivel adecuado y solo el 9.5 % ha alcanzado un desarrollo óptimo. Esto sugiere la necesidad de
implementar estrategias efectivas que fortalezcan la percepción y comprensión emocional en los entornos
educativos.
En la dimensión de expresar y etiquetar emociones, los resultados son similares: el 54.8 % de los
estudiantes requiere mejorar estas habilidades, el 36.4 % se encuentra en un nivel adecuado y apenas el 8.8 %
demuestra un desarrollo óptimo. Esta situación evidencia la importancia de reforzar las competencias
relacionadas con la expresión emocional, fundamentales tanto en el ámbito académico como en el personal.
Finalmente, en la dimensión de manejar y regular emociones, el 52.4 % de los estudiantes necesita
mejorar, el 36.7 % muestra un nivel adecuado y solo el 10.9 % ha alcanzado un nivel óptimo. Este panorama
resalta la urgencia de promover estrategias educativas que contribuyan al fortalecimiento de la autorregulación
emocional, lo cual es clave para el bienestar integral y el rendimiento académico de los estudiantes.
A partir de los datos analizados en este estudio, se puede concluir que la población estudiantil es
mayoritariamente joven, con la mayoría de los estudiantes teniendo menos de 21 años y solo un pequeño
porcentaje superando los 25 años. En cuanto al género, existe una distribución equitativa, con una ligera mayoría
masculina. Respecto a la escuela profesional, la mayoría de los estudiantes provienen de la carrera de
Enfermería, seguida de Ingeniería Industrial e Ingeniería Civil. En términos de habilidades emocionales, la
mayoría de los estudiantes presentan áreas que requieren mejora, especialmente en el desarrollo emocional y la
percepción y comprensión de las emociones. Se evidencia la importancia de fortalecer estas habilidades en el
ámbito académico. En la expresión y etiquetado de emociones, así como en el manejo y regulación de las mismas,
se observa también la necesidad de reforzar estrategias que ayuden a los estudiantes a expresar, reconocer y
gestionar sus emociones de manera más efectiva, lo que puede contribuir a su bienestar y desempeño
académico.
Referencias
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