Actualmente, todas las instituciones educativas deben implementar la cultura organizacional porque es fundamental
para el éxito de cualquier organización. En este sentido, la cultura organizacional se entiende como un conjunto de principios,
valores, creencias e ideologías que conforman la personalidad de una institución, influyendo en cómo los empleados se
comportan, toman decisiones y se relacionan. En este caso, la cultura organizacional impacta el desempeño de los docentes.
Por ello, la cultura organizacional se ha consolidado como un elemento fundamental en los procesos productivos, ya
que influye directamente en las prácticas, normas y resultados de los procesos. Asimismo, permite reconocer las fortalezas y
limitaciones para enfrentar los desafíos en las instituciones educativas. La cultura organizacional también puede entenderse
como un proceso de creación de significado que da forma a la realidad organizacional (Turpo et al., 2020). Posteriormente,
dicha definición se utilizó para describir la cultura organizacional, mencionando que el objetivo de la cultura organizacional es
desarrollar procesos de seguimiento y buscar alternativas en las organizaciones. Asimismo, Rincón y Aldana (2021) concluyen
que los valores dominantes en la cultura organizacional son el compromiso, las relaciones y conexiones establecidas, el orgullo
de pertenencia de los compañeros de trabajo y los vínculos entre los miembros, los cuales facilitan el desarrollo profesional,
así como la formación, la carrera y los logros personales.
En este sentido, García (2021) destaca la importancia fundamental de la cultura organizacional en el éxito de la gestión
de una organización. Esta puede definirse como el conjunto de creencias y valores compartidos que influyen en el
comportamiento de los miembros de un grupo u organización. Según Schein (1988), la importancia de la cultura organizacional
radica en que las decisiones tomadas sin comprenderla pueden acarrear consecuencias negativas no deseadas. Por un lado,
Petrilli y Luna (2020) proponen que la cultura organizacional se divide en dos dimensiones. La primera se denomina simbólica
e incluye elementos como la imagen de la institución, su filosofía (misión, visión y valores) y sus normas o reglamentos,
representando la parte subjetiva, es decir, los pensamientos y sentimientos. Por otro lado, la segunda dimensión abarca aspectos
observables como el liderazgo, la comunicación y las relaciones.
Por otro lado, la cultura organizacional es necesaria para reforzar los valores, creencias y normas que influyen en el
comportamiento social, por lo cual son aceptadas y compartidas por las personas. Esta problemática se relaciona con la falta
de aplicación de la cultura organizacional en la educación, por lo que este estudio es esencial para cualquier organización. Para
Ramos et al. (2021), la cultura organizacional en la educación no se ha renovado acorde con la actualidad ni con la naturaleza
del funcionamiento de las instituciones educativas; por tal motivo, cada vez más presenta episodios críticos. En consecuencia,
sin una cultura organizacional sólida, los roles y responsabilidades pueden volverse confusos en una institución. Asimismo,
podemos entender que la falta de una cultura bien definida dificulta la comunicación efectiva entre los equipos, lo que provoca
que las prácticas y políticas varíen ampliamente sin una cultura sólida.
A nivel mundial, en el actual panorama, las organizaciones institucionales se enfrentan a una competencia intensa, lo
que hace crucial el desarrollo de habilidades directivas. Además, la flexibilidad organizacional y la gestión efectiva del capital
humano son elementos clave para adaptarse a estos desafíos en el ámbito global. La cultura organizacional se percibe como un
entramado de procesos productivos. En este sentido, la identificación y el sentimiento de pertenencia a la organización
conducen al individuo hacia el éxito.
Por lo tanto, la cultura organizacional implica un componente emocional en el cual el éxito individual se manifiesta a
través de formas adecuadas que guían su interacción con la organización y su rendimiento en comparación con otros miembros.
Esto ayuda a disminuir la incertidumbre y fortalece la seguridad en las relaciones sociales dentro del entorno organizacional,
lo que se refleja en la personalidad del individuo (Rincón y Aldana, 2021). La caracterización de la cultura organizacional se
enfoca en el conjunto de normas, ideologías, políticas y valores que rigen una institución y le dan una identidad. La salud, tanto
la de tu equipo como la de tus clientes, es fundamental para el éxito de una organización. Además, es un aspecto de gran
relevancia que guía la dirección y el comportamiento de la institución. En un entorno global altamente competitivo, es crucial
dedicar esfuerzos a desarrollar habilidades directivas y promover la flexibilidad en la gestión organizacional para adaptarse a
estos desafíos.
En América Latina, se observa un esfuerzo en cada país por reconstruir las relaciones entre el Estado y la sociedad.
Estos son procesos muy significativos y, en algunos casos, más evidentes, ya que apuntan hacia una refundación de la nación.
De acuerdo con Chaverra y Hernández (2019), la cultura organizacional es un constructo cognitivo, un sistema de
conocimientos a partir del cual los individuos interpretan y regulan su comportamiento al enfrentarse a situaciones
organizacionales específicas. Por lo tanto, es evidente que esta temática ha cobrado gran relevancia e importancia. Es
imperativo que la cultura organizacional esté arraigada en cada organización, ya que es responsable de promover un mayor
desempeño tanto a nivel individual como colectivo entre los trabajadores.
Para Barrientos et al. (2021), la cultura organizacional se define como el conjunto de normas, hábitos y valores que
practican los individuos dentro de una organización, y que influyen en su forma de comportarse. Para Albino Meza (2023), la
cultura institucional lleva implícito un conocimiento tácito de las normas y expectativas de la organización, algo que cada
profesor percibirá o experimentará de forma particular e individual, y que influye incondicionalmente en la operatividad de la
institución educativa. El éxito de cualquier intervención, reforma o iniciativa para la mejora se sustenta en la actitud y