muerte, de tal modo que tras la revisión de 20 documentos se mostraron errores de medicación,
infección nosocomial, flebitis, úlceras por presión, caídas y extubación accidental, estableciendo una
relación significativa entre el accionar de los enfermeros y la aparición de eventos adversos en
pacientes críticos, con un margen más amplio para el error generando sucesos no deseados, de manera
que es preciso crear conciencia para la toma de medidas preventivas fortaleciendo la seguridad del
paciente crítico.
En congruencia con este trabajo se cita la investigación de Guamán y Guanga (2022), quienes
expresan que en Ecuador los eventos adversos en la Unidad de Cuidados Intensivos se asocian de 2 a
20 veces más que los países desarrollados, con una prevalencia de infecciones considerando los
factores de riesgos como el incumplimiento de protocolos y de las normas de bioseguridad mínimos
en la UCI, destacando que de 70 fuentes bibliográficas analizadas sobre esta temática se expresa no
se cumple a totalidad con las prácticas en cuidados intensivos, aunque todo el personal en una
institución hospitalaria está obligado a conocer y aplicar las prácticas seguras a tales fines.
En este orden, Ortíz y Vásquez (2020) determinaron el nivel de conocimientos del personal
profesional de enfermería sobre manejo de Drogas Vasoactivas en las áreas críticas destacando que
poco más de la mayoría tiene un nivel de conocimiento excelente, en tanto la mayoría posee tercer
nivel de formación para tal fin. Además de las precisiones sobre los casos relacionados con la UCI,
se tienen también trabajos dedicados expresamente a los eventos adversos en la atención hospitalaria
desde la actuación del personal de enfermería, como el trabajo de Ferrín (2021) quien por medio de
un estudio analítico observacional, de enfoque cuanti-cualitativo con alcance descriptivo, transversal,
destacó que existe una reducción de eventos adversos de un 50% si se capacita a los profesionales
sobre la seguridad del paciente, haciendo énfasis en la atención de calidad y calidez.
Bajo esta premisa se tiene el trabajo de Cantuñi y Santo (2022), preocupados por el uso de electrolitos
concentrados siendo un medicamento de alto riesgo para el paciente que puede provocar la muerte
por un error en su administración, siendo responsable el personal de enfermería; se localizó que la
mayor parte del personal tiene un alto nivel de conocimiento sobre estos, aunque el nivel de manejo
es medio, ya que la calidad y seguridad del paciente ante la administración de estos fármacos de alto
riesgo dependen de la ampliación de conocimientos sobre su conservación. Por su parte, Imbaquingo
(2022), destacó en su estudio que el personal de enfermería está calificado por su nivel de estudios y
experiencia, pero presentan problemas con la seguridad del paciente, concluyendo que las prácticas
seguras son aplicadas de forma parcial sin reporte de eventos adversos.
Por su parte, Vázquez y Puma (2020) abordan la seguridad en la administración de medicamentos
desde los profesionales de enfermería como un proceso aliado a la recuperación de la salud desde una
revisión sistemática con la cual pudieron identificar normas, reglas y protocolos para el uso de
correcto de medicamentos, localizando factores y formas de aplicación que conllevan a errores por
parte de los enfermeros, pese al reconocimiento de tales guías. Continuo a los trabajos ya descritos se
tiene la investigación de Romanarte (2022), quien analizó la intervención de enfermería en la práctica
de inyecciones seguras en Ecuador, a través de revisiones bibliográficas, identificando que el manejo
inyecciones seguras por el personal de enfermería no se hace adecuadamente, sobre lo cual incide la
deficiencia de lavado de manos, mal manejo de los desechos cortopunzantes, falta del uso de barreras
de bioseguridad y de insumos estériles para la administración adecuada de inyecciones parenterales,
lo que podría genera la carga de morbilidad.
Asimismo, Pagalo (2021) profundizó sobre la aplicación de los diez correctos en la preparación y
administración de medicación por parte de enfermeros y enfermeras de Ecuador, demostrando que la
eficiencia en el nivel de cumplimiento es de casi la totalidad, siendo el error más común la aplicación
de fármacos en horas incorrectas asociado a la sobrecarga laboral, debido a la cantidad de pacientes
atendidos, a lo que además se suman las carencias en insumos y herramientas, lo cual puede tener un
efecto negativo al respecto.